Nostalgia Del Moribundo Circo Ruso
A diferencia de lo que todos estamos acostumbrados, en los últimos años el precio del petróleo ha bajado muchísimo, afectando la economía de todos los países productores del codiciado oro negro. En una villa remota en el centro de Rusia, se encontraba un pequeño circo falto de público, coincidentemente por falta de gente y dinero. En las prácticas matutinas, uno de los malabaristas se zafó de una cuerda y se dislocó un hombro al dar en el suelo como costal de harina. El agraviado hombre se sentó a reposar el golpe en los escalones de uno de los furgones en los que viven y cargan sus cosas, oyendo lejanamente el discurso del Zar de un televisor que se encontraba en algún camerino. “Бред, это бред… (Pendejadas, eso son pendejadas…)” dijo el malabarista con mucha irritación “Вот мы и голодаем, а олигархи продолжают… (Aquí nos estamos muriendo de hambre mientras que los oligarcas siguen…)” continuó el fornido hombre, hablando solo, por largo rato, sin que se le pasara el coraje. Más tarde, llegaron varios compañeros y lo encontraron diciendo “Если вы не можете победить их, присоединяйтесь к ним. (Si no puedes con ellos, únete a ellos.)” Y así se les ocurrió emigrar para tierras más prósperas. “Поедем в Америку. (Vamos para Amèrika.)” Sugirió un reconocido payaso quién estaba bien informado del lejano país. “Я готов. (Yo ya estoy lista.)” Afirmó una cantante de ópera con convicción. Olga es una mujer bella, con mucho futuro por delante, y aunque no es delgada, tampoco es obesa. Ella tiende ser robusta y musculosa. Los hombres la admiran con respeto, y goza de mucha influencia sobre sus compañeros, así que empezaron a hacer planes alrededor de los de ella.
De entre todos los miembros del circo, solo el malabarista, el payaso y Olga, decidieron hacer el viaje. Los aspirantes reunieron sus escasas pertenencias, se las vendieron a los otros compañeros del circo a cambio de pagarés y sin preámbulo alguno, partieron para Europa, caminando. Gitanos, acostumbrados a deambular, pasaron 3 meses persiguiendo el sol, siempre al poniente. Se les acabó el suelo en el norte de España y contemplando la crítica situación en que se habían metido, dijo el payaso “У нас здесь не все будет хорошо, потому что испанцы такие же облажавшиеся, как и мы, и никто из них не научился ходить по воде. (Aquí no nos va a ir bien porque los españoles está tan jodidos como nosotros y ninguno ha figurado como caminar sobre el agua.)” Realizando que estaban en frente del Océano Atlántico, decidieron tomar un barco para continuar con la travesía. El único que les prestó oído para intercambiar trabajo por pasaje fue un chino que navegaba del Mediterráneo a China a través del Canal de Panamá, que está en Centro Amèrika. Ellos le aseguraron al oriental que no tenían destino alguno, que lo acompañarían a donde él fuese y que trabajarían en el barco arduamente para cubrir el costo del pasaje y la comida. La gran ventaja de zarpar para China era que, de él chino tomar cualquier otra ruta que no fuese por el Canal de Panamá, ellos estarían de vuelta en Asia y para las cuentas de ellos, casi en casa. Eso les daría tiempo para visitar a sus amigos, prepararse mejor y tratar de nuevo. Llegando al ismo y bajo una gran cantidad de gritos e insultos en mandarín, el malabarista, meciéndose en un cable del barco, tomó impulso y se lanzó al aire, cayendo por babor al agua, dejando a sus compañeros atrás. Las autoridades portuarias no tuvieron otra opción que pescar al malabarista del agua y detener el barco para interrogarlo. Entre tanto, los otros dos compañeros rusos, al ver el chino entretenido, aparentaron estar muy conmocionados por el repentino incidente y figuraron la manera de reunirse con el malabarista en el muelle. Casualmente, allí fue donde Olga hizo su primera actuación en Amérika, vomitando sus entrañas en los zapatos de los oficiales y negándose a subir de nuevo al barco a pesar de que aún debían la mayor parte del pasaje. Los otros dos se contagiaron del drama y descaro de Olga, fingiendo náuseas y los esposaron en cuanto uno de ellos, se tornó beligerante y escupió el uniforme a un vigía. La estrategia de agredir un oficial para que lo detenga y lo retire fue genial. Como buenos actores, los otros dos, en la finalidad del acto, se desplomaron en el piso y no hubo quien los moviera del muelle sur del Canal de Panamá.
En lo que llegaba el jefe de las Autoridades Portuarias para dictar orden, el Capitán del barco aprovechó para decirles “Ya veo que me engañaron, pero se van a arrepentir de quedarse en Amérika. No van a encontrar pasaje fácil para el occidente. Cuando cambien de parecer, se van a acordar de mis palabras. Por aquí pasó el tercer día de todos los meses. En cuanto los encuentre de nuevo, me van a tener que pagar por adelantado lo que me quedan a deber hoy, más lo que les cobre por llevarlos ese día y obedecer todas las condiciones que les imponga. Zàijiàn (Adios)”. Y sin más ni más, los rusos vieron la nave del chino partir hacia el Océano Pacífico. Los panameños, quienes son gente práctica, concluyeron “En lo que llenamos los formularios y los registramos, hay que darles de comer. Ni para qué gastar papel haciendo reportes. Mejor, pásenlos a la parte norte del canal y échenlos para afuera del portón, que al cabo, no se van a quedar en Panamá por mucho tiempo.” Dijo el Supervisor Aduanal en cuanto llegó, sin equivocarse en lo más mínimo. Nómadas, al fin, volvieron a tomar el camino a pie, esta vez, manteniendo el sol a la derecha en la mañana y a la izquierda en la tarde, más deteniéndose al medio día para descansar y no perderse. A la semana estaban en Costa Rica, donde les dieron ganas de quedarse, pero al ver gente delgada, dedujeron que aún faltaba mucho para llegar a la fuente de las riquezas. Volvieron a pasar montañas, charcos y ríos… Hasta llegar a Guatemala, donde quedaron fascinados con lo barata que es la comida, pero aún falta porque la gente carece de carros nuevos. De Méjico donde quedaron fascinados con las playas, pero el payaso, quien era un hombre con disciplina, les advirtió que se olvidaran de las distracciones y avanzaran porque había que llegar hasta el desierto de Sonora y eso era mucho trecho. Al pasar por Mejico, fueron acumulando perros realengos, lo cual era curioso observar gente tan raspada acompañados de animales que mantener. Aun así, los perros tienen un misterioso propósito.
Para las cuentas del payaso y el malabarista, Olga era la que tenía más probabilidades de ganar mucho dinero cantando ópera. Cansados de caminar y ya cerca de la frontera con Estados Unidos, quisieron hacerle una extravagante reverencia a la artista, por lo que le rentaron un cuartito en el tercer piso de un hostal para que ella se bañase antes del añorado evento que implica cruzar el Río Bravo del Norte brincando de piedra en piedra. Olga quedó fascinada con la galantería, el cuarto se le hizo maravilloso, y la vista, admirable. Desde allí se podía divisar toda la parte posterior de una pobre vecindad. Para cualquier otra persona, esto hubiese sido un triste panorama, pero no para Olga, quien en su afición por el arte y la actuación, fijó su vista en los tinacos (tanques de agua sobre las casas), haciéndose creer que eran columnas en la entrada de un gran teatro en construcción. “Могу поспорить, что за этим порталом акустика должна быть чудесной. (Apuesto que sobre aquel portal, la acústica debe de ser maravillosa.)” Dijo Olga con muchísima autoridad. “И на той другой полке вы тоже, должно быть, очень хорошо слышите мое пение. Какое очаровательное место, полное белых колонн! (Y sobre aquel otro estante, también se debe oír mi canto muy bien. ¡Qué lugar tan fascinante, lleno de columnas blancas!)”. Y así se entretuvo fantaseando toda la noche y esperando el nuevo día, sin bañarse.
Antes de que el astro Sol se asomara por el Oriente, cantó el gallo, se oyó caer un tablón, un rechinido, ladridos y algo más “Mimimi… Eto prekrasnaya zemlya, kotoruyu ya ishchu (Esta es la linda tierra, que busco yo)”. Y era Olga quien se había trepado sobre el tinaco más grande para romper el silencio de la mañana con la majadera opera. Sus compañeros, quienes estaban acostumbrados a este diligente itinerario, no se inmutaron, al contrario, como extrañaban oír algo en su lengua, se acomodaron para disfrutar la canción que provenía desde otra terraza. Pero lo que para Olga era un estante, era para los lugareños un tanque viejo medio de agua. De igual manera, para los filósofos de esa región, el tinaco es un depósito contemporáneo medio lleno de aire. Y no fue que, produciendo el tono más alto, Olga estrechara la linda pierna izquierda sobre la orilla del cobertizo del tanque y se fuera dentro del tinaco junto con los pedazos de la tapa de madera. Los horribles gritos rusos en reverberación y acústica del tanque levantaron a todos los vecinos creyendo que se les había subido una yegua al tejado, pero al ver que se trataba de una mujer, se vieron forzados a auxiliarla. Como el recipiente era bastante alto y a falta de soga para halarla, le lanzaron la manguera que usaban para llenar el depósito, pero la manguera, tostada por el sol, se quebró y la idea de halarla, no funcionó. Afortunadamente, el tinaco no estaba lleno como para ahogar a una persona, pero Olga, al no saber de agua, se resistía a pararse en el fondo y esperar a que la rescataran. Entró en pánico al instante, gimiendo como una orca en el mar. Nadie entendía lo que decía, pero provocó que los perros aullaran en coro en el horizonte.
De donde no hay ley ni orden en estos polvorientos pueblos fronterizos, aparecieron 4 bomberos con muchas ganas de ayudar por falta de aventura. Al observar a Olga sujetando un pedazo de manguera, se les ocurrió la misma idea que no había funcionado minutos antes y así le arrojaron el terminal de la manguera comercial por encima del borde, dándole tremendo cantazo en la cabeza con el grueso conector de metal de 2 ½”. “Ya ven, eso la aplaco un poco.” Dijo uno de los bomberos, pero al ver que a Olga se le escurría la flexible manguera de las manos por no poder sujetar su propio peso, el Teniente de los bomberos le ordenó a un súbdito “Cabo. Despliegue las mangas y abra el grifo para que la presión del agua haga la manguera firme.”. Obedeciendo al jefe de inmediato, corrieron dos flacuchos bomberos a conectar las mangueras, mientras un gorducho bombero se aferraba al camión, en caso de que lo necesitaran como contrapeso o algo parecido. Aquellos dos, por falta de práctica, conectaron las mangueras de allá para acá, en lugar que, de aquí para allá, por lo que en cuanto llegaron acá, mandaron al gordis a darle vueltas a la clavija del hidrante, que estaba a más de 3 cuadras de ahí. Pero al suministrar el agua, el gordito oyó otra tremenda algarabía y a falta de radio, se devolvió a la escena dando tumbos para realizar que la liberación de alta presión en aquel extremo de la manguera la había convertido en un inmenso látigo, batiendo, revolviendo y dándole un buen azote a la víctima, que aún estaba atrapada dentro del contenedor.
Al cabo de otros tantos minutos, cerraron la llave, pero para entonces, Olga estaba enredada y media envuelta con la manguera, como le pasa a los animales que no entienden de soga. Entre la conglomeración de gente, apareció un sordomudo y trató de expresarle a los bomberos que usaran una escalera plegadiza tipo A, de las que uno se trepa, por un lado, y se baja por el otro, pero los desesperados socorristas lo hicieron a un lado y lo ignoraron, no por falta de equipo sofisticado, sino por falta de paciencia para la comunicación manual. Mientras tanto, un vecino del lugar quien se pasaba viendo películas de karate y estaba convencido de que los sordomudos eran los Maestros del Kung Fu y la sabiduría, le prestó mucha atención a las señales del sigiloso mudo. Este aficionado a las artes marciales, pensó que a lo que el mudo se refería era, verter el contenedor, y acto seguido, se dispuso a empujarlo solo sin confirmar la teoría con el mudo. En la urgencia del momento, otro vecino también se prestó a empujar “Empujen hacia allá para aprovechar, lavar las escaleras” Ordenó el dueño del tinaco, con esperanzas de que algo positivo resultará de su pérdida. Y así, entre todos los presentes, voltearon el tinaco vertiendo el agua acumulada por los ásperos escalones. La ola de agua cargó con Olga, fluyendo y rebotando de dos en dos escalones, en caída libre. Los bomberos, al notar tan convulsionado resultado de su esfuerzo, reaccionaron sujetando y medio estirando la manguera, que, en efecto, desenvolvió a Olga como trompo a plena mitad del descenso, propinándole más laceraciones, hasta que quedó tendida, inerte a media calle. En resolución, Olga quedó bien aturdida y mal bañada.
En eso, aparecieron los otros dos rusos y pretendiendo no conocer a la osada cantante para no tener que pagar los daños. La ayudaron a pararse y se la llevaron con señas muy parecidas a las del sordomudo. Los residentes, al ver que la víctima no mostraba resistencia en irse con dos extraños, la dieron por loca, maldiciendo la hora en que descuidaron el acceso a los tinacos. La gente, disgustada, se desvaneció en diferentes direcciones. Los únicos que inicialmente se mostraron satisfechos fueron los bomberos porque para las cuentas de ellos, la víctima salió porque salió y eso es lo único que cuenta. Ahora, los bomberos confrontan la triste realidad de recoger 650 metros de manguera y no están nada contentos con la faena. Los vecinos inmediatos al incidente, sortearon sus prioridades del día, ocupándose en recolectar recipientes de cristal y quebrar botellas para minar de vidrio su tinaco, con tal de disuadir que futuros transeúntes causarán otra tormentosa madrugada como esa.
Nuestros personajes estaban muy acongojados porque en el accidente, Olga perdió 2 dientes, arrebatándole 20 años de juventud en un instante. Ese daño físico atentaba contra la seguridad económica de los tres. Omitiendo cualquier comodidad física que ofreciera, tomar un baño y descansar, regresaron al hostal para asegurarse de adquirir una buena retribución por su dinero, Olga manchando las toallas de sangre, más los otros dos, robándose el equivalente a lo que pagaron por la estadía. No se marcharon del pueblo sin antes reunir los perros realengos que no les permitieron meter al hostal.
A pesar de haber un alto muro de hierro con alambres de púas, demarcando el borde internacional e impidiendo el paso, el malabarista brincó la valla con tal facilidad, que ni un gato lo hubiese hecho ver tan simple. El payaso y Olga simplemente caminaron hasta donde se interrumpe la valla y le dieron la vuelta. Ya en suelo estadounidense, se distribuyeron los perros entre ellos y aparentemente, se separaron. Esa táctica preventiva fue para evitar que los judiciales los encuentren juntos y los detengan a los tres de una sola redada. No tomó mucho tiempo que al payaso lo interceptó la Patrulla Fronteriza en Arizona y lo rodearon 3 oficiales de la ‘migra’ para interrogarlo en grupo “Sir, do you have papers? (¿Señor, tiene papeles?)” preguntó uno “Where are you going? And, in what? (¿A dónde se dirige? Y ¿En qué va?)” añadió el otro “Who else is coming with you? ¿Quién más viene con usted? Preguntó el último, junto con los otros dos guardias. A lo que el payaso le contestó las 4 preguntas con una sola oración sin desconcertarse “Нет, в Нью-Йорк пешком с тремя собаками. (No, para Nueva York, a pie, con tres perros.)”. Tal fue la impresión que causó el payaso de tez blanca prieto del sol y rodeado de moribundos caninos, que uno de los agentes de inmigración lo descontó de la lista en que llevan el número de capturas diarias y lo abandonaron a su suerte, como indigente de las dunas. Los 3 agentes también avistaron al malabarista, pero tampoco lo pudieron añadir a la lista por no poder alcanzar al intrépido y veraz corredor, quien se trepó por las rocas y se les perdió de vista. Quien sacó la mejor parte de la ‘migra’ fue Olga, a quien la encontró un cuarto oficial, se condolió de ella, la llevó al pueblo más cercano en automóvil con aire acondicionado, le proveyó agua y frutas, y la dejó donde a ella le pareció que sus compañeros la pudiesen encontrar. Los perros integraron a nuestros 3 amigos con asombrosa facilidad en el medio de la nada. “Какие трусливые люди! (¡Qué gente tan cobarde!)” Dijo Olga riendo. “Они боятся блох. (Le tienen miedo a las pulgas.)” Refiriéndose al payaso quien tenía hábito de dormir con los perros.
Ya en Tejas y convencidos que los hispanos estaban acostumbrados a la corrupción, convencieron a unos mejicanos para que se robaran un león, una jirafa y un elefante de algún zoológico, pero......... (Puedes leer la conclusion al subscribirte).